Marco A. Pérez: ¿Es el nuevo tratado comercial la solución a la recesión económica?

VIERNES, JUNIO 26, 2020

COMERCIO EXTERIOR Y ADUANAS

La respuesta corta es no, y mis argumentos se basan en que, primero, se ha magnificado de manera deliberada la importancia del comercio exterior en la economía mexicana, ya que los indicadores que regularmente se utilizan para medir la penetración del comercio exterior en la economía, se realizan sumando el valor de las importaciones y el de las exportaciones, y se compara esta suma contra el Producto Interno Bruto (PIB).

Utilizando este indicador, es como se ?demuestra? el enorme impacto del Tratado Comercial de 1994, ya que este cociente, antes del tratado, era inferior al 20 por ciento, y se logró aumentar a más del 60 por ciento, poniendo de manifiesto el gran impulso que el intercambio comercial había dado al aparato productivo nacional.

Sin embargo, este indicador no necesariamente es el más apropiado en el caso de la Industria Maquiladora de Exportación, ya que si nuestra ?ventaja competitiva? son los bajos salarios (no se ría, es serio) entonces el extranjero procederá a traer sus piezas y partes para ensamblarlas en México, y aprovechar la mano de obra ?barata?, y el beneficio real, es solo el valor agregado que se le da a las piezas importadas.

Es decir, para la Industria Maquiladora de Exportación, el verdadero beneficio a la actividad económica nacional, debería medirse ?descontando? de sus exportaciones, el valor de las importaciones temporales que utilizó, para ser incorporadas a los productos que finalmente se regresarán al exterior vía exportaciones.

Uno de los casos más dramáticos, es el de la fabricación de pantallas de televisión, donde nuestro país cuenta con el primer lugar mundial atendiendo al valor de las exportaciones, sin embargo, el valor agregado nacional que se incorpora a la exportación, es solo de un cinco por ciento, por lo que el 95 por ciento del valor de las exportaciones, fueron importaciones de partes y piezas provenientes del exterior.

Es decir, si el valor de las importaciones es de $95 dólares, y el valor de las exportaciones es de $100 dólares, incluyendo ya los cinco dólares de valor agregado nacional, la estadística gubernamental dirá que antes del tratado, el ?valor? de las actividades del comercio exterior de televisores era de cero, y que ahora es de $195 dólares, ($95 de importaciones más $100 de exportaciones) cuando en realidad, la verdadera aportación del comercio exterior a la economía mexicana, en este ejemplo, es de cinco dólares, que corresponde al pago a los factores de la producción utilizados en el país, y no de $195 dólares, como sugieren los indicadores gubernamentales.

Como vemos, el verdadero beneficio del comercio exterior a la economía, no debe medirse a través del cociente ya comentado, sino midiendo el valor agregado que generamos para las actividades de exportación, gracias a los acuerdos comerciales.

Por otro lado, los acuerdos comerciales, además de que se enfocan principalmente en los temas arancelarios, dejan sin resolver situaciones que tienen que ver con barreras ?no arancelarias? como fue el caso de los ?requisitos? que impusieron en EUA para impedir que ingresaran a su país los camiones de carga mexicanos, por lo que en la práctica, tienen innumerables ?salvaguardas? que pueden instrumentar para de hecho bloquear y negar el acceso de productos extranjeros a su país, entre las que destacan las medidas ?sanitarias?, entre otras.

Ustedes recordarán el caso del atún mexicano, al que se le prohibió el acceso al mercado estadounidense, por razones de protección a las ballenas, el cual fue llevado incluso a cortes internacionales, y a pesar del fallo favorable para nuestro país, en la práctica se siguió negando el acceso.

Las recientes medidas unilaterales de poner aranceles al acero y al aluminio, por parte de EUA, las fundamentaron en una Ley de Seguridad Nacional, que les permite incluso dejar sin efectos Tratados Internacionales de Libre Comercio, por lo que pensar que un nuevo tratado comercial, es garantía de libre acceso al gran mercado estadounidense, de manera segura y permanente, es una ilusión.

Finalmente, la novedad de este nuevo tratado, es que lo llevaron más allá de los aspectos meramente arancelarios, e incluyeron disposiciones que incluso no se justifican legalmente, ya que imponen derechos y obligaciones de manera ilegal e irregular, como es el caso, por ejemplo, de los aspectos laborales.

Nada tiene que hacer, en el clausulado de un tratado comercial, la inclusión de obligaciones a las empresas mexicanas, para manejar condiciones y aspectos sindicales, de estricta aplicación particular y privada, y mucho menos, facultades a supervisores extranjeros, para ?revisar? el cumplimiento de estas disposiciones, su pena de poder ser castigado con la imposición de aranceles, o incluso que se les niegue el ingreso de sus productos a los Estados Unidos. Simplemente inexplicable.

Es decir, los posibles contratiempos y las posibles dificultades que podrían aparecer en el camino a la plena implementación del nuevo tratado comercial, son muy diversos e impredecibles, y la verdad, tiene muchos aspectos ?discrecionales? no deseables, ya que al final del día, lo que buscan los agentes económicos es certeza en las reglas del juego, y confianza en que serán respetadas, con estricto apego a la legalidad, ya que si van a arriesgar sus capitales, es lo mínimo que se debe otorgar.

Desafortunadamente, estos pre requisitos, no parecen cumplirse por completo.

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